
jueves, 24 de febrero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
jueves, 18 de noviembre de 2010
lunes, 6 de septiembre de 2010

Faltaba un día para que acabara la primera semana de prueba, y Ricardito veía que la situación estaba complicada. Así que sentó a Rumbo sobre las baldosas del patio y le dijo:
- Mirá Rumbo, la cosa está difícil. La cuenta del kiosquero está en rojo, los vecinos están enojadísimos con vos, y papá en cualquier momento pierde la paciencia. – el elefante lo miraba con los ojos fijos y la trompa baja. No decía nada, pero escuchaba atentamente las palabras del chico. Cuando Ricardito terminó, se oyó una especie de trueno y de repente, como si se hubiera largado una tormenta le empezaron a caer salpicaduras inmensas de agua salada. Tardó un rato en entender que Rumbo estaba llorando, y más todavía en lograr calmarlo. Le sonó la nariz con una sábana y le contó un cuento para que se durmiera.
martes, 8 de junio de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010


Inmediatamente hubo junta familiar:
- Vos me dejaste – dijo Ricardito a su mamá mientras acariciaba la trompa que se metía por la ventana-, además está vacunado.
- Pero ¿dónde va a dormir?- preguntó papa.
- En el jardín.
- ¿Y si llueve?- dijo mamá.
- Se mete debajo de la glorieta.
- ¿Cómo vas a alimentarlo- contraatacó el padre.
- Ya encargué cinco kilos diarios de maní en el kiosco.
- Y los vecinos?- preguntó la madre.
- -¿Qué? ¿También quieren maní?
sábado, 15 de mayo de 2010

...cinco minutos más tarde, Ricardito llevaba su elefante, como si tal cosa, sujeto por una gruesa soga, mientras cruzaba la Avenida SAnta Fe. Algunos se daban la vuelta para mirarlo, otros sencillamente lo ignoraban creyendo que debían aumentar las sesiones de terapia o que habían bebido demasiado la noche anterior...
jueves, 4 de marzo de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
jueves, 29 de octubre de 2009
Alegrita le llevó hasta la piscina, y allí le dejó hasta que toda el agua se volvió negra. Entonces fueron a buscar otros niños, y aprovechando que con el agua negra no se veía nada ¡estuvieron jugando al escondite! Aún a regañadientes, Gustavo tuvo que reconocer que había sido muy divertido, pero más divertido aún fue jugar a mojar gatos: Gustavo corría junto a ellos, y en cuanto sentían el agua, daban unos saltos increíbles y huían de allí a todo correr haciendo gestos divertidísimos. En muy poco tiempo, todos los niños del pueblo estaban con Gustavo proponiendo e inventando nuevos juegos para la nube. Y por primera vez, Gustavo empezó a ver el lado bueno de las cosas, incluso de las que al principio parecían del todo malas.viernes, 17 de julio de 2009
Gustavo tenía una amiguita, una niña alegre y bondadosa llamada Alegrita, que fue la única que quiso acompañarle aquellos días, porque los demás se apartaban por miedo a mojarse y acabar totalmente negros. Y un día que Gustavo estaba ya cansado de la nube, le dijo:- ¿Por qué no te animas? Deberías darte cuenta de que eres el único niño que tiene una nube para él, ¡y encima llueve agua negra! Podríamos jugar a hacer cosas divertidas con la nube, ¿no te parece?Como Alegrita era su única compañía, y no quería que se fuera, Gustavo aceptó de muy mala gana.
Pero no contaba Gustavo con Jocosilla, la nube bromista. Un día que paseaba por allí cerca, la nube escuchó las protestas de Gustavo, y corrió a verle. Y según llegó y se puso sobre su cabeza, comenzó a descargar una espesa lluvia negra. Era su broma favorita para los niños gruñones.A Gustavo aquello no le gustó nada, y protestó aún mucho más. Y se enfadó incluso más cuando vio que daba igual a dónde fuera, porque la nube y su lluvia negra le perseguían. Y así estuvo casi una semana, sin poder escapar de la nube, y cada vez más enfadado.











